Cada atardecer, cuando las golondrinas y los vencejos recogen el vuelo y la luz declina, un relevo silencioso e invisible toma el control de los espacios verdes de nuestras ciudades. Los murciélagos, únicos mamíferos capaces de volar, inician entonces una guardia nocturna que resulta fundamental para la salud de parques, jardines y arbolado urbano. Y, sin embargo, siguen siendo uno de los grupos de fauna más incomprendidos y, paradójicamente, más útiles del mundo.

Un servicio ecosistémico gratuito y extraordinariamente eficaz

La razón por la que los murciélagos merecen atención preferente en la gestión de zonas verdes urbanas es de una sencillez contundente: son controladores biológicos de plagas de una eficacia sin parangón en el mundo insectívoro nocturno. Los datos que avalan esta afirmación son tan llamativos que a veces cuestan de creer.

Estudios realizados en Estados Unidos y citados por el Ayuntamiento de Zaragoza en su proyecto de conservación de quirópteros demuestran que un solo murciélago puede cazar hasta 1.200 insectos del tamaño de un mosquito en una sola hora, y que a lo largo del verano puede consumir más de un kilogramo de insectos, lo que equivale a cerca de medio millón de ejemplares.

La comparación con otros agentes de control biológico es igualmente reveladora. Un estudio publicado en la revista Science en 2008 demostró que los murciélagos son significativamente más eficientes que las propias aves en el control de insectos: las plantas a las que se impedía el acceso a los murciélagos presentaban hasta un 153% más de artrópodos que las plantas control, frente al 65% de diferencia observado cuando se excluía a las aves. El relevo que establecen con las aves insectívoras diurnas —vencejos, golondrinas y aviones— es, por tanto, casi perfecto: los unos cazan de día, los otros de noche, manteniendo bajo control las poblaciones de insectos durante las veinticuatro horas.

Esta capacidad reguladora tiene consecuencias directas sobre las plagas que más preocupan a gestores de parques y jardines: las polillas que atacan a la vegetación ornamental, las procesionarias del pino en sus fases de vuelo y numerosos coleópteros fitófagos. El control biológico que ejercen tiene, además, un efecto positivo y duradero muy superior al de los pesticidas, que con frecuencia generan resistencias y eliminan indiscriminadamente fauna auxiliar.

“Un solo murciélago puede cazar hasta 1.200 insectos del tamaño de un mosquito en una sola hora.”

Una fauna urbana en declive y amenazada

A pesar de su importancia ecológica, las poblaciones de murciélagos llevan décadas reduciéndose en todo el mundo con rapidez alarmante. Varias especies se han extinguido recientemente, y la Lista Roja de la UICN recoge más de un centenar de especies en alguna categoría de amenaza. En España, todas las especies están protegidas por la ley, lo que da una idea de la gravedad de la situación.

Las causas del declive son múltiples, pero en el entorno urbano destacan tres especialmente:

  • La pérdida de refugios naturales. Los murciélagos dependen por completo de sus refugios para descansar durante el día, hibernar, aparearse y criar a su prole. La renovación de edificios, la eliminación de árboles con oquedades, el sellado de grietas y el uso de materiales de construcción modernos han eliminado de forma drástica los refugios disponibles en el medio urbano.
  • La contaminación lumínica. Aunque algunas especies comunes como Pipistrellus pipistrellus se ven atraídas por las luces artificiales donde abundan los insectos fotófilos, la mayoría de las especies de quirópteros evitan activamente las zonas iluminadas, lo que fragmenta sus corredores de vuelo y caza en el tejido urbano.
  • El uso de pesticidas. La reducción de la disponibilidad de presas por el empleo generalizado de insecticidas en parques y jardines afecta directamente a la viabilidad de las colonias urbanas.

Su carácter de indicadores ambientales de primer orden hace que su presencia o ausencia sea un termómetro fiable de la calidad ecológica de un espacio verde. Ciudades con quirópteros bien representados son ciudades con ecosistemas urbanos sanos.

Qué pueden hacer los gestores de zonas verdes y los jardines privados

La buena noticia es que las medidas para favorecer la presencia de murciélagos son sencillas, económicamente accesibles y compatibles con el resto de los objetivos de gestión de espacios verdes. Varias ciudades españolas ya han apostado por ellas con resultados positivos: Zaragoza, con su proyecto de cajas nido en la infraestructura verde municipal; Murcia, con la instalación de más de cincuenta refugios en parques y jardines comunitarios; y numerosos municipios europeos en el marco del proyecto «Capitales de la Biodiversidad».

Las principales actuaciones que se pueden implementar son:

  • Instalación de cajas refugio para murciélagos. Son la medida más directa y de mayor impacto. Deben colocarse a una altura mínima de cuatro a cinco metros, orientadas al sur o sureste para garantizar el calentamiento diurno que las colonias de cría necesitan, alejadas de fuentes de luz artificial y protegidas del viento. La madera utilizada no debe estar tratada químicamente, dado que los murciélagos son extraordinariamente sensibles a los tóxicos. En jardines privados y parques de tamaño medio, las cajas individuales son suficientes; para espacios más grandes se recomienda la instalación de refugios para colonias. Las cajas no requieren mantenimiento habitual, aunque se puede realizar una limpieza anual con cepillo al final del otoño, fuera del período de cría.
  • Reducción de la contaminación lumínica. Evitar la iluminación directa de los árboles y la vegetación donde los murciélagos cazan, apostar por luminarias con espectro ámbar o rojo en lugar de blanco-azulado, y apagar o reducir la iluminación ornamental a partir de medianoche son medidas que benefician directamente a los quirópteros sin perjudicar la funcionalidad del espacio.
  • Conservación y creación de elementos de refugio natural. Mantener en pie árboles con oquedades y cavidades, respetar grietas en muros y edificios históricos, y plantar vegetación densa con espacios de cobertura ofrecen alternativas naturales a las cajas artificiales. Cerca de láminas de agua —estanques, fuentes o incluso bebederos— la actividad de los murciélagos se multiplica, ya que además de cazar beben al vuelo rozando la superficie.
  • Eliminación o reducción del uso de pesticidas. La gestión integrada de plagas, que combina medidas culturales, control biológico y un uso muy limitado y selectivo de fitosanitarios, es compatible con la presencia de murciélagos y refuerza a largo plazo la capacidad de autorregulación del jardín.
  • Plantación de especies que atraigan insectos nocturnos. Plantas con floración nocturna o vespertina como el jazmín, la madreselva, las nicotianas o las maravillas atraen polillas y otros insectos nocturnos que a su vez alimentan a los murciélagos, creando cadenas tróficas funcionales dentro del propio jardín.

El ejemplo de las ciudades que ya han apostado por ellos

El Ayuntamiento de Zaragoza ha desarrollado un proyecto específico de adecuación de cajas nido para murciélagos dentro de su Estrategia para la Conservación de la Biodiversidad, integrando esta medida junto con actuaciones para vencejos pálidos y halcones peregrinos. El municipio alemán de Ratekau, reconocido como «ciudad respetuosa con los murciélagos» en el marco del proyecto europeo Capitales de la Biodiversidad, instaló más de sesenta cajas en edificios públicos e incorporó el diseño de nuevas construcciones escolares y de servicios de emergencia con elementos específicos de refugio para quirópteros. El resultado fue la confirmación de colonias de varias especies, incluida alguna en peligro de extinción a nivel regional.

El coste económico de estas actuaciones es mínimo cuando se realizan con materiales accesibles y voluntariado; el beneficio ecosistémico, en cambio, es de largo recorrido y crece con el tiempo a medida que se consolidan las colonias.

Conclusión: el jardín necesita también sus guardianes nocturnos

Los murciélagos no son el enemigo nocturno de las leyendas populares. Son los guardianes silenciosos de nuestros parques y jardines, los que trabajan mientras dormimos para mantener bajo control a los insectos que amenazan la vegetación y la comodidad de los espacios verdes. Incorporar medidas para su conservación en la planificación y gestión de zonas verdes urbanas no es solo un gesto simbólico hacia la biodiversidad: es una decisión técnica inteligente, económicamente eficiente y alineada con los objetivos de sostenibilidad y reducción de pesticidas que las ciudades del siglo XXI se han comprometido a alcanzar.

La próxima vez que al atardecer vea una silueta irregular cruzar rápida el cielo del jardín, reconózcala. Es un aliado. Y merece que le pongamos una casa.

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Fuentes consultadas:

  • Ayuntamiento de Zaragoza. Proyecto para la adecuación de cajas nido para murciélagos. zaragoza.es
  • Murciélagos Málaga. Murciélagos en la ciudad: papel en el equilibrio ecológico. murcielagosmalaga.com
  • El País. Hagan caso a los murciélagos en Madrid. elpais.com (9 marzo 2026)
  • Ayuntamiento de Murcia. Proyecto de refugios para murciélagos en parques y jardines (2024)
  • Fundación Biodiversidad. Capitales de la Biodiversidad. Caso Ratekau (Alemania)