¿Influyen los setos de coníferas en los incendios?. 1º Parte

¿Arden igual todos los setos? Comportamiento ante el fuego de las cupresáceas de cerramiento

Estudio técnico comparado: Cupressus sempervirens, C. arizonica y C. macrocarpa frente a las alternativas ornamentales

Blog técnico de Jardiarte · Agosto de 2026

Pocas decisiones de jardinería tienen consecuencias tan desproporcionadas como elegir la especie de un seto de cerramiento. Un aligustre mal elegido cuesta más de poda; un seto de arizónica mal situado y mal mantenido puede conducir el fuego desde el monte hasta la fachada de una vivienda. Los incendios de interfaz urbano-forestal de los últimos veranos han situado esta cuestión en el centro del debate técnico y, ya, también del normativo.

Este artículo revisa lo que la literatura científica y mide realmente sobre la inflamabilidad de las tres cupresáceas más utilizadas como cerramiento de parcela en España —Cupressus sempervirens, Cupressus arizonica y Cupressus macrocarpa, incluida la variedad lambertiana— y lo contrasta con lo que dicen las guías oficiales. Adelantamos la conclusión, porque es menos simple de lo que suele contarse: el problema no es exactamente la especie, sino la estructura del seto y el material muerto que acumula. Pero eso no exonera al ciprés, sino que explica por qué falla.

1. Qué se mide cuando se mide “inflamabilidad”

Antes de comparar especies conviene entender que “inflamabilidad” no es una magnitud única, sino cuatro propiedades distintas que a menudo apuntan en direcciones contrarias:

  • Ignitabilidad: facilidad con la que el material prende. Se mide como tiempo hasta la ignición (TTI, en segundos) bajo un flujo de calor conocido, o como flujo de calor crítico necesario para que prenda.
  • Combustibilidad: intensidad con la que arde una vez encendido: tasa máxima de liberación de calor (PHRR, kW/m²) y temperatura máxima de combustión.
  • Sostenibilidad: cuánto tiempo mantiene la llama.
  • Consumibilidad: qué proporción de biomasa se consume.

A esto se añade una variable decisiva: la escala del ensayo. No es lo mismo quemar una hoja aislada que quemar un árbol entero. Como veremos, los rankings obtenidos a escala de hoja y a escala real llegan a invertirse, y esa discrepancia explica buena parte de la confusión que circula sobre los cipreses.

2. El caso Cupressus sempervirens: la excepción documentada

El ciprés común arrastra una reputación singular. En el incendio de Andilla (Valencia, junio de 2012), que arrasó unas 20.000 hectáreas, una parcela experimental de 0,9 ha plantada con Cupressus sempervirens en 1988 quedó prácticamente intacta: solo el 1,27 % de los árboles resultó quemado, un 37,09 % quedó parcialmente deshidratado y el 61,64 % no se vio afectado, mientras el encinar circundante ardía por completo. El hallazgo,  dio la vuelta al mundo dentro del proyecto europeo CypFire.

Los ensayos de laboratorio posteriores respaldan parcialmente esa observación. El follaje vivo del ciprés común mantiene una humedad del combustible del 84–95 % de abril a agosto, sin variación estacional significativa —es decir, no se seca en verano como sí hacen otras especies mediterráneas— y necesita un flujo de calor crítico de entre 25 y 30 kW/m² para inflamarse. A 25 kW/m², las muestras frescas de ciprés no llegaron a prender, mientras que acículas vivas de Pinus pinaster con humedad equivalente sí lo hicieron. En ensayos con calorímetro de pérdida de masa a 50 kW/m², el follaje vivo de ciprés registró el tiempo de ignición más largo del conjunto ensayado.

Figura 1. Tiempo hasta la ignición del follaje vivo a 50 kW/m². El ciprés común resiste más de cuatro veces lo que la encina.

Un matiz importante sobre el incendio de Andilla

El ecólogo Juli G. Pausas (Universitat de València) ha señalado que la supervivencia de la parcela puede explicarse por discontinuidad de combustible más que por resistencia intrínseca: no tenía sotobosque —la cobertura de matorral era del 1,1 %—, las copas no se tocaban y estaba rodeada de un cortafuegos. El propio dato de cobertura respalda parcialmente esa lectura. Conviene, por tanto, no leer Andilla como “el ciprés no arde”, sino como “una masa de ciprés sin combustible fino acumulado y sin continuidad de copas no propagó el fuego”.

 

3. La paradoja: el mismo árbol es el mejor y el peor combustible

Aquí está el dato que casi nunca aparece en la divulgación sobre el ciprés. En el estudio de Ganteaume y colaboradores sobre siete especies ornamentales de seto del sureste de Francia, Cupressus sempervirens obtuvo simultáneamente dos posiciones opuestas en la misma escala: su hoja viva quedó clasificada como poco inflamable —la segunda mejor de las siete—, y su hoja muerta como extremadamente inflamable, con una frecuencia de ignición del 100 % y un tiempo hasta la ignición inferior a 3 segundos.

Y el ciprés es, además, la especie que más material muerto retiene dentro de su propia estructura: 11,12 kg/m³, la carga más alta de todas las ensayadas. Un seto de ciprés sin mantener es, literalmente, un depósito vertical de yesca extremadamente inflamable envuelto en una capa exterior de follaje difícil de encender. Basta una pavesa que entre por un hueco de poda para que el interior prenda en segundos y el conjunto se comporte como una antorcha.

Figura 2. El follaje vivo y el material muerto de la misma planta se sitúan en extremos opuestos de la escala de ignitabilidad.

La hojarasca del ciprés añade otro matiz: con una densidad aparente de 190 kg/m³ —unas tres veces la de la encina— forma un colchón compacto que, húmedo, dificulta la ignición y actúa como esponja; pero seco, se inflama en 12 segundos frente a los 26 de la hojarasca de encina, y libera 22,3 MJ/kg, el mayor poder calorífico efectivo del conjunto estudiado. En otras palabras: la ventaja del ciprés depende por completo de que se mantenga húmedo y limpio. Cuando no lo está, se invierte.

4. Arizónica, macrocarpa y leylandii: lo que ocurre a escala real

La pregunta práctica es otra: ¿se comporta igual Cupressus arizonica, que es la especie realmente masiva en cerramientos de parcela en España? Conviene decirlo con claridad: no existe ningún estudio publicado que compare cuantitativamente y en las mismas condiciones la inflamabilidad de C. sempervirens, C. arizonica y C. macrocarpa. Todo el corpus experimental del ciprés común se ha construido frente a pinos, encinas y sabinas, no frente a sus congéneres. Extrapolar de una a otra es un error técnico: incluso entre procedencias distintas del mismo Cupressus sempervirens el contenido en terpenoides varía casi tres veces.

Lo que sí existe, y es reciente, es un ensayo a escala real. Un equipo de la Universitat Politècnica de Catalunya quemó 82 árboles ornamentales enteros —arizónica, leylandii, tuya y laurel cerezo— bajo condiciones controladas y clasificó cada ensayo por su curva de pérdida de masa. El resultado es contundente y directamente aplicable a nuestro caso:

Figura 3. Clasificación de 82 quemas de árbol completo. El ciprés de Arizona fue la especie que más ensayos alcanzaron la categoría de alta inflamabilidad.

El ciprés de Arizona registró alta inflamabilidad en 7 de sus 12 ensayos —la peor de las cuatro especies—, seguido del leylandi. El laurel cerezo se mantuvo en categoría baja en los 8 ensayos realizados. La humedad del combustible fue determinante: los ejemplares bien regados alcanzaron valores del 102–173 % sobre peso seco, mientras que tras tres meses de sequía descendieron hasta el 16 %, desplazando a las cupresáceas hacia la categoría alta..

5. Qué dicen las guías y la normativa

Frente a la relativa complejidad del dato experimental, las guías administrativas son unánimes y mucho más tajantes:

Fuente Clasificación de las cupresáceas Alcance
ONF (Francia), Guía de setos mediterráneos, 2012 Cupressus y Thuja: sensibilidad “muy fuerte”, la categoría máxima Recomienda evitarlos junto a viviendas; setos separativos de 2 m × 2 m máximo y fraccionados
ASEMFO / INIA-CIFOR, Guía PIUF Comunidad de Madrid, 2020 C. sempervirens, C. arizonica, Cupressocyparis leylandii y Thuja plicata: sensibilidad “extrema” Setos a ≥ 5 m de la vivienda; máximo 2 m de alto y 2 m de ancho; perímetro libre de ≥ 1 m
FEMP – Red de Ciudades por el Clima, 2025 Desaconseja expresamente cipreses, eucaliptos y pinos Zona 1 (0–5 m) y Zona 2 (5–30 m); sin catálogo de especies
Junta de Andalucía, normas de autoprotección Advierte contra setos de “cipreses u otras coníferas” Sin vegetación combustible a menos de 3 m de la vivienda
Distritos de bomberos de California (Marin, Moraga-Orinda) Cupressus, Chamaecyparis, Cupressocyparis y Thuja como especies peligrosas; la tuya, “extremadamente propensa al fuego” Retirada obligatoria en el espacio defendible en algunos códigos locales

 

En cuanto a la normativa española, hasta ahora ninguna comunidad autónoma había prohibido especies ornamentales concretas. La Ley 3/2007 de Galicia impone franjas de gestión de biomasa de 50 metros, pero su lista de especies afectadas incluye pináceas, eucaliptos, acacias y matorral atlántico: no menciona cupresáceas. La Ley 5/2003 de Cataluña exige una franja perimetral de al menos 25 metros libre de vegetación seca, sin nombrar ninguna especie. Andalucía, la Comunidad Valenciana y Madrid fijan franjas de 15, 25 y 25 metros respectivamente, también sin catálogo vinculante.

Novedad normativa (agosto de 2026)

La Comunidad de Madrid ha anunciado una reforma de su Ley Forestal y de Protección de la Naturaleza que prohibirá plantar arizónicas y especies resinosas como cerramiento de parcela en una franja de 400 metros en zonas de interfaz urbano-forestal, acompañada de un millón de euros en ayudas para sustituirlas. Sería la primera prohibición explícita de este tipo en España. En el momento de publicar este artículo se trata de un anuncio de reforma, no de norma en vigor: conviene seguir su tramitación en el BOCM antes de tomar decisiones irreversibles.

 

6. Dónde discrepan la ciencia y las listas oficiales

Un artículo técnico honesto debe señalar que las listas administrativas españolas no están validadas experimentalmente: la propia guía de la Comunidad de Madrid declara que su escala de “sensibilidad al fuego” procede de revisión bibliográfica y juicio experto, no de ensayos propios. Eso produce incoherencias verificables:

Especie Lo que dicen las guías Lo que miden los ensayos
Photinia × fraseri Sensibilidad media (Madrid); ausente de la guía francesa Entre las dos más inflamables de siete ornamentales, y su hojarasca la más inflamable de todas (Ganteaume, 2013)
Prunus laurocerasus (laurel cerezo) Sensibilidad alta (Madrid) Inflamabilidad baja en los 8 ensayos de quema de árbol entero (UPC, 2025)
Laurus nobilis (laurel) Extrema (Madrid); fuerte (Francia) El peor de tres especies ensayadas; distancia de seguridad calculada de 12,8 m frente a 1,4 m de adelfa e higuera (Coimbra, 2022)
Pittosporum tobira (pitosporo) Baja (Madrid); media (Francia) La menos inflamable de siete ornamentales, tanto en hoja como en hojarasca (Ganteaume, 2013)
Cupressus arizonica Extrema (Madrid) La más inflamable de cuatro especies a escala real (UPC, 2025). Coherente

 

La lectura profesional de este cuadro no es “las guías se equivocan, planten cipreses”. Es más matizada: el consenso normativo contra cupresáceas en el perímetro de viviendas está bien fundado y respaldado por el único ensayo a escala real disponible; pero algunas alternativas que las guías penalizan —el laurel cerezo, señaladamente— se comportan mejor de lo que su clasificación sugiere, y otras que consideran seguras —la fotinia— se comportan claramente peor.

7. Recomendaciones técnicas

7.1. Selección de especie

  • En interfaz urbano-forestal, evitar cupresáceas como cerramiento. Arizónica, leylandii, tuya y falso ciprés concentran los tres factores de riesgo: retención de material muerto, continuidad vertical del combustible y estructura densa y alta. En Madrid, además, su plantación puede quedar prohibida a corto plazo en franjas de 400 m.
  • Alternativas con mejor comportamiento documentado: Pittosporum tobira es la mejor candidata avalada por ensayo; Prunus laurocerasus es la única especie que mantuvo categoría baja en las quemas a escala real; Pyracantha coccinea, hiedra y parra virgen figuran como baja sensibilidad en las guías española y francesa.
  • Alternativas a revisar con cautela: Photinia × fraseri, muy extendida como sustituto “moderno” del ciprés, es de las peores en los ensayos disponibles. Laurus nobilis y Nerium oleander tampoco son buenas opciones en el perímetro inmediato.
  • Fuera de la interfaz forestal el ciprés común mantiene su valor como pantalla, cortavientos e incluso como barrera verde en fajas de gestión, siempre que se mantenga limpio de material muerto y con discontinuidad respecto a la vegetación circundante.

7.2. Diseño y mantenimiento del cerramiento

Figura 4. Principios de ordenación del cerramiento vegetal en parcelas próximas a masa forestal.

  • Fraccionar el seto. Tramos separados por cortes transversales o por elementos minerales, para romper la continuidad horizontal. Es la medida individual más eficaz sobre un seto ya plantado.
  • Limitar dimensiones. Altura y anchura máximas de 2 m, según recomiendan tanto la guía francesa como la de la Comunidad de Madrid. Un seto de 4 metros de arizónica no es un seto: es una masa forestal lineal.
  • Eliminar el material muerto interior. Es la operación crítica y la más descuidada. En un seto de cupresácea, el combustible peligroso no se ve desde fuera: está dentro. Poda de aclareo y retirada anual del acumulado.
  • Mantener el perímetro de la vivienda libre. Al menos 1 m de superficie mineral o pavimentada, y ningún seto de cupresácea a menos de 5 m de la fachada. Ninguna rama sobre cubierta o junto a chimeneas.
  • Regar en verano. La diferencia entre un ejemplar bien regado (102–173 % de humedad) y otro con tres meses de sequía (16 %) fue la que desplazó a las cupresáceas a la categoría de alta inflamabilidad en los ensayos a escala real. En jardín particular, el riego es una medida preventiva, no solo estética.
  • Vigilar la sanidad del seto. Los ejemplares de ciprés afectados por chancro resinoso acumulan terpenoides y reducen su tiempo de ignición hasta un 40 % respecto al ejemplar sano. Un seto enfermo no solo está feo: arde antes.

8. Conclusiones

  • No existe ningún estudio que compare directamente la inflamabilidad de Cupressus sempervirens, C. arizonica y C. macrocarpa. Cualquier afirmación categórica que ordene las tres especies entre sí carece hoy de respaldo experimental.
  • El follaje vivo de Cupressus sempervirens es de los materiales vegetales más resistentes a la ignición que se han medido en el ámbito mediterráneo. Ese dato es sólido y está publicado.
  • Esa ventaja se anula por completo con el material muerto retenido en el seto, que es extremadamente inflamable y del que el ciprés acumula la mayor carga de todas las ornamentales ensayadas. El riesgo del seto de ciprés es un riesgo de mantenimiento.
  • A escala real, Cupressus arizonica fue la más inflamable de las cuatro especies de seto ensayadas. Es la evidencia más pertinente para el caso español, donde la arizónica domina los cerramientos de parcela.
  • Las listas oficiales de especies pirófilas son útiles pero no están validadas experimentalmente y contienen errores de orden. Deben usarse como criterio de precaución, no como verdad técnica cerrada.

En jardinería profesional, la conclusión operativa es sencilla de enunciar y exigente de aplicar: en zonas de interfaz urbano-forestal, la elección correcta no es solo qué especie se planta, sino qué compromiso de mantenimiento se asume con ella. Un seto de cupresácea bien fraccionado, bajo, limpio por dentro y regado es un problema menor. El mismo seto abandonado durante cinco años es una mecha de doscientos metros apuntando a la casa.

Referencias